Hoy, como tantos días, me he vuelto a acordar de ti. Voy a ver un partido de fútbol el Levante-R.Madrid y enseguida he pensado: "lo que disfrutaría Vicente con una victoria del Madrid", aunque sé que desde ahí arriba no te lo vas a perder, porque estoy convencido que una de tus últimas alegrías fue la última victoria sobre el Barcelona. Sin embargo, hoy, en vez de ir a la taberna irlandesa donde los veo ¡qué mejor homenaje que dedicarte este tiempo a ti!
¡Cuánto hablábamos de fútbol, chacho!, como decías tú, en una de esas expresiones tan graciosas y coloquiales que me gustaban tanto. Me acuerdo que hasta en esos momentos te referías, como tantas veces a tu hijo: "como dice mi hijo, si no juega Guti...". ¡Cuánto has querido a tu familia! ¡Cuántas penas y cuántas alegrías! Hoy voy a recordar las últimas: por ejemplo, cuando me contaste que tu hija había sacado Matrícula de Honor en COU;
Tú hablabas con todo, con tu mirada, con tus gestos... con tu corazón: ¡qué grande lo has tenido siempre!. Y volviendo a las alegrías, ¡qué orgulloso estabas de la recuperación en los estudios de tu hijo!: "Sabes... ha vuelto a estudiar, ahora va al nocturno y está sacando unas notas buenísimas. Por cierto, le gusta mucho la Historia". Más tarde me constaste que aprobó la Selectividad y que se había matriculado en INEF, lo que te cogió un poco de sorpresa..."pero le veo tan feliz, tan cambiado". ¡Cuánto hemos hablado, hablado y hablado...!
Y ¿cuánto hemos cantado, cantado y cantado... y hasta bailado!: en las fiestas del Instituto, en las Navidades, al final del curso, en el cumpleaños de Jaime, en las fiestas de los alumnos de 2º de Bachillerato. Me acuerdo que a veces, como niños, me decías: "vamos a ver si encontramos las dos guitarras que hay en la Sala de Música, yo hago el punteo -¡qué bien lo hacías y con cuánta gracia- y tú me acompañas", después las volvíamos a dejar en su sitio como si no hubiera pasado nada. Ahora mismo, abro el blog de nuestro amigo común, Pedro Jiménez, y me veo cantando contigo...como tantas veces (gracias Pedro por esta imagen).
En cuanto a las fiestas de COU y de 2º de Bachillerato me acuerdo que nos quedábamos hasta el final, aunque tengo que reconocer que aguantabas más que yo y en los últimos años te quedabas al final con Juan (el relevo generacional). Me acuerdo que un año me dijiste: "llévame a casa con el coche" y, como siempre, ibas cantando y feliz; me ibas guiando por toda Coslada, y cuando me hiciste parar el coche para salir, me dijiste: "¡Chacho me he equivocado de casa! Esta es la antigua..., si ahora me he comprado una". Por cierto, qué contento estabas con tu nueva casa.
¡Cuántos claustros, cuántas CCP juntos...! En los claustros, que eran y siguen siendo en la Sala de Música, todavía te veo sentarte al final, donde los bombos y tocarlos antes de empezar. De una de esas reuniones, una CCP, te vi salir a las 10h de la mañana porque ibas a hacerte una ecografía -si no recuerdo mal-, y te dije: "que no sea nada". Tú como siempre te fuiste con una sonrisa...y no volviste más a dar clase. Estábamos preparando los papeles para la jubilación: "Eloy, me ha dicho Chiqui, que tenemos derecho a que nos reconozcan los 4 meses de las milicias universitarias...". ¡Qué ilusión tenías por jubilarte! Todavía, una ves que te llamé cuando ya estabas de baja por la terrible enfermedad, me dijiste: Eloy, he llamado a Alcalá, a la Subdirección General, y dicen que no me los reconocen, ¿sabes algo? Yo no puedo ir...Si vas y te enteras, me lo dices". La última vez me comentaste: "Yo creo que no llego a la jubilación". ¡Qué putada! Cuántas veces te habré dicho: "oye cuando nos jubilemos me tienes que enseñar a pescar". ¡Cómo te gustaba la pesca!
¡Cuántas aficiones tenías! Me enseñaste aquella foto de juventud tocando en un grupo de rock. "¿A ver si me reconoces?. Lo que hemos cambiado..." Y te reías. Ahora ya no tenías la misma imagen: a mí me recordabas a un Papá Noel extremeño, con tu barba blanca y tu cara de felicidad...Y es que realmente nos regalabas con tu felicidad con tu alegría contagiosa. Yo que llevo en el Instituto desde casi desde que se fundó no he encontrado a nadie que me alegrase más la estancia en el Centro como tú. Al llegar a casa solía siempre contar un chiste o una anécdota de Vicente, y mi hija pequeña (ya no tanto) se ha quedado con la copla de Vicente que la repite constantemente: "¡No! Y fuera del carro". ¡Cuánto nos reíamos con esa frase, que era el resumen de un chiste de los tuyos!
Podría seguir escribiendo, porque los recuerdos son innumerables. Hemos pasado tantos años juntos...y tan buenos. Pensábamos jubilarnos juntos, pero tú no puedes ya ...y yo ya sin ti me apetece menos, así que lo dejaré para otro año.
Me despediré con una de esas canciones que llevo grabada en el corazón, porque tanto a ti como a mí nos encantaba: La barca de oro. La cantábamos incluso "a capella", y los dos nos poníamos muy interesantes, como si fuésemos dos charros mejicanos, a cantarla a grito pelado. Hoy quiero cantártela en voz baja y es mi forma de despedida:
Yo ya me voy
al puerto donde se halla
la barca de oro,
que debe conducirme.
(Yo ya me voy)
Sólo vengo a despedirme:
Adiós Vicente, adiós para siempre adiós
De tu compañero y, siempre amigo, Eloy
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