Nunca fuimos amigos íntimos.
Jamás te conté mis secretillos,
ni tú a mi los tuyos...
Posiblemente por mi carácter retraído, tan opuesto al tuyo.
Casi seguro,
porque soy o parezco,
la persona tan seria (en palabras de Marisi)
que te felicitó por teléfono en la Navidad de 2006.
Fue la última vez que hablé contigo...
Convivimos en Salamanca durante dos años
cuando aún éramos “becarios rurales”.
Apareciste de nuevo en Salamanca
y compartimos residencia en la Avda.de Alemania:
yo hacía Selectivo, tu Preuniversitario...
(¿Recuerdas Chanin?).
Aquí, en Santiago, te incorporaste un año después de mi.
E hicimos ambos aquella carrera de “Ciencias Exactas”
a la que tan despistados habiamos llegado ambos.
Y hasta fui tu profesor de Numérico
durante mi primer año de licenciado
y tu útimo curso de Licenciatura.
Recuerdo que en tercer curso desapareciste de clase dos días
y cuando te visité en tu pensión de La Troya,
salimos a tomar unas tazas para curarte:
no querías hablar de que estuviste enfermo.
Encontramos a Juan y Junior casualmente en la Raíña
(¡y yo con este gripazo de cojones!) dijiste.
Marchaste a Bilbao y nuevamente desapareciste,
supe nuevamente de ti cuando hace unos años
me enviaste un correo para saludarme...
En tu última comunicación,
no quisiste aburrirme con detalles de tu enfermedad.
¿Es preciso que siga?
Siempre has estado ahí, sin alharacas,
reapareciendo cuando menos lo esperaba.
Siempre estás ahí.
¿Dónde has marchado ahora?
¿Por qué me has adelantado esta vez?
¿Dónde sigues rasgando unas notas a tu guitarra?
¿Qué instante tedioso estás amenizando?
Cuéntame; no me aburrirás hablándome de tu salud...
Pero ahora no reaparecerás
porque estás aquí,
en nuestros corazones.
Nunca fuimos amigos íntimos...
"Porque, Vicente,tampoco lo soy de los otros hermanos que me quedan".
miércoles, 9 de enero de 2008
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