jueves, 10 de enero de 2008

EL PERIÓDICO, UNA BARRA DE PAN Y UN RAMO DE FLORES (Por Emma Martínez)

Cada vez que cierro los ojos y le veo, le recuerdo siempre de la misma manera.

Era una mañana tardía. Serían casi las 2 de la tarde en el piso de la calle Begoña de Coslada. Ese día, yo no sabía porqué, se había puesto una corbata de colores brillantes, que no conseguía tapar un par de botoncillos de la camisa, a la altura de la barriguilla, que asomaban saltones, como mirando al cielo, mientras se colocaba los zapatos.

Yo estaba con María en medio de una de nuestras conversaciones interminables, cuando le vi salir a la calle. No tardó más de 20 minutos en regresar con el periódico, una barra de pan y un ramo de flores.

-Es que hoy es el cumpleaños de mi madre - me explicó María ante mi cara de sorpresa.

Me acuerdo perfectamente de sus ojos brilantes y su nariz risueña, asomando por encima de las flores aquella mañana.

Si me pongo a pensar, también se me vienen a la cabeza aquellas conversaciones en las que trataba de calmar a María (y de paso a mí también), con respecto a las grandes amenazas mundiales. De modo que, por ejemplo, los famosos monos del ébola jamás lograban llegar a la península.


Otra cosa que me encanta de él (y me parece que nunca se lo he dicho a María) es el arte con el que agarra el tenedor. Nunca he visto a nadie pinchar con tanta gracia, sobre todo los escurridizos trozos de tomate en la ensalada. Muchas veces la chispa de las personas se escapa en esos pequeños detalles. Y es una suerte poder apreciarlos.


Nunca jamás creo haberle visto enfadado, molesto, preocupado, ni triste. Tal vez lo estuvo alguna vez. Pero yo le recuerdo siempre repartiendo perfumadas flores de colorines, como las que compró aquella mañana, entre la gente que le rodeaba. Y estoy segura de que lo seguirá haciendo desde donde esté.

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